sábado, julio 29, 2006



Durante el transcurso de la historia, la problemática existencial del hombre ha sido un tema abarcado por muchos pensadores. Y es que sin lugar a duda, esta problemática ha traspasado diversas expresiones de la figura humana en torno a su coexistencia. Es así como cada filósofo entiende al hombre de maneras diversas, sin perder el valor real de lo que significa ser humano.

Bajo la influencia frankliana sostengo que estamos llamados a aprender que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de hallar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir los quehaceres que la vida concede continuamente a cada hombre. Estos quehaceres son los que dan el significado a la vida, son los que diferencian a un hombre de otro. “Vida” no es algo banal, sino que es algo muy real y concreto, que conforma el destino de cada persona, diferente y único en cada caso. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino. Cada situación se distingue por su unicidad y en todo momento no hay más que una única respuesta válida.

Cuando un hombre descubre que su destino es sufrir ha de aceptar dicha amargura, pues ésa es su sola y única tarea. Ha de reconocer el hecho de que, incluso sufriendo, él es único y está solo en el universo. Nadie puede eximirle de su sufrimiento, ni sufrir en su lugar. Su única oport
unidad reside en la actitud que adopte al soportar su carga.


¿Quién es, en realidad, el hombre?

Es la persona humana como el ser relacional, constitutivamente abierto al diálogo con un en el que se encuentra a sí mismo como yo. Así podemos acudir a una concepción de ser social, afirmando que el hombre es un ser social, y que en cuanto persona sólo logra ser tal en y por la comunidad interpersonal, es decir, dentro de la sociedad, que es mediadora de la personalidad.

Si en este momento me preguntaras qué es para mí la vida, te diría:
Vivir es desvivirse en el convivir para que el otro tenga vida. Esta opción es una invitación divina y una responsabilidad humana.

miércoles, julio 26, 2006


A veces la vida nos mira de frente, nos sonríe un poco y luego se detiene

Un respiro suave, que te abraza fuerte, baila con mi cuerpo besando tu frente

A veces la vida nos recuerda a alguien: una imagen tierna llena de detalles


¿Que sería de mí sin la soledad, que me hace pensar y me hace sentir?


...Y en tus ojos claros viaja la nostalgia. Me hablas al oído en esta distancia.

Y el viento no alcanza a escucharlo todo. Quedó en el camino el amor y el alma

Y nada que me diga que vendrás más tarde. Todo lo que he sido se perdió en el aire

Y el viento no alcanza....

viernes, julio 14, 2006



Marc Chagall 1887-1985

A veinte años de su muerte, el pintor ruso francés no desaparece. Sus obras dispersas por el mundo nos recuerdan el sueño y la simpleza de un artista que miró el mundo lleno de colores, figuras y dejó un legado de pinturas, esculturas, vitrales y hasta un libro.


En lo personal puedo decir que me encanta ese artista. Tuve la oportunidad de conocer su obra cuando cursaba primer año de universidad, en la cátedra de Hermenéutica. Por si acaso, la hermenéutica tiene que ver con la comprensión o interpretación. En un sentido más estricto, debemos comprender la hermenéutica como una “teoría de la interpretación”, es decir, el saber que se ocupa de interpretar.

Los invito a hacer el ejercicio de interpretar algunas de sus obras... ¿qué nos quiere decir cada una de ellas?, ¿qué querrán comunicar?


Amantes con margaritas, 1949-59 - Óleo sobre tela


El violinista azul, 1947 - Óleo sobre tela


La alegría de la aldea, 1957 - Óleo sobre tela


La habitación amarilla, 1911 - Óleo sobre tela



Ilustración de la Biblia



¿Es que, realmente una obra de arte procedente de mundos pasados o extraños, y trasladada a nuestro mundo no dice nada más que aquello que tenía originalmente que decir?

viernes, julio 07, 2006


Ideología
En esta ocasión no haré análisis ni síntesis

Anoche, mientras intentaba reunirme con Morfeo, pensaba en lo paradójico que es el fenómeno de vivir: Ayer buscaba cosas que hoy ya ni siquiera son de mi interés. Mi pasado ha construido mi presente, sin embargo cada vez me voy despojando de aquellos importes que pretendía alcanzar hasta hace algunos años. Creo que todo crecimiento y aprendizaje humano consiste en aquella evolución. No obstante, pienso que esta antítesis no siempre es positiva, y que de verdad hubiese preferido no cambiar tales actitudes para ser la que ahora soy...

¿Cómo nos cambia la vida, no? Sigo recordando mis anhelos de antaño. Aquellos ideales eran más puros que los de ahora. Quería ir más allá, en cambio hoy toda finalidad es a corto plazo y por un bien específico. Poco a poco he reconocido que me vendí al sistema y al monopolio: tarjetas de crédito, internet, moda y belleza. El sistema nos invade y nosotros nos entregamos poco a poco y dócilmente a él.

Hace un par de meses, el célebre músico Pedro Aznar dio un recital en esta pequeña cuidad. La última canción que interpretó (sentado en el suelo, sólo con su guitarra y sin amplificación) es una alegoría a aquello que he descrito respecto al cambio de vida. Mientras yo la escuchaba me decía: “Esa canción está hecha para mí”. Me tomo la libertad de compartirla con ustedes, porque tengo la certeza de que no soy la única.

Ideología

Mi partido, es un corazón partido
Las ilusiones están todas perdidas
Y mis sueños fueron todos vendidos
tan barato que parece mentira.
Y aquel inocente que iba a cambiar el mundo
ahora va a las fiestas de gran lujo.
A mis héroes los mató una sobredosis
Mis enemigos están en el poder
Ideología
Quiero una para vivir.
Mi placer ahora es riesgo de vida
Mi sex and drugs no tiene más rock'n'roll.
Voy a pagar la cuenta del analista
que ya estoy harto de saber quién soy.
Y aquel inocente que iba a cambiar el mundo
ahora observa, cínico, derrumbarse todo.
A mis héroes los mató una sobredosis
Mis enemigos están en el poder
Ideología
Quiero una para vivir

domingo, julio 02, 2006


La Amistad desde una perspectiva filosófica
La amistad está tan estrechamente ligada a la definición misma de la filosofía que se puede decir que sin ella la filosofía no sería propiamente posible. La intimidad entre amistad y filosofía es tan profunda que ésta incluye el phílos, el amigo, en su mismo nombre.

El año pasado fue publicado en un conocido diario chileno un artículo del filósofo Giorgio Agamben, que se relacionaba estrechamente con la Filosofía y la amistad. De este análisis acabado quise rescatar algunos elementos que son aplicables a mi testimonio de vida.

“¿Qué es, en efecto, la amistad, si no una proximidad tal que no es posible hacer de ella ni una representación ni un concepto?”

Reconocer a alguien como amigo significa no poderlo reconocer como "algo". No se puede decir "amigo" como se dice "blanco, "italiano", "caliente" (la amistad no es una propiedad o una cualidad de un sujeto). Cuando en la universidad hice lectura de la Ética a Nicómaco de Aristóteles me encontré con fragmentos que llamaron mucho mi atención, y que hoy me propongo a comentar. Aquellos fragmentos ocupan los libros octavo y noveno de dicho tratado: no se puede vivir sin amigos; es preciso distinguir la amistad fundada sobre la utilidad o sobre el placer de la amistad virtuosa, en la cual el amigo es amado como tal; no es posible tener muchos amigos; etcétera. Todo esto es archisabido. Hay, sin embargo, un fragmento del tratado que me parece no ha recibido la suficiente atención, aunque contiene, por así decir, la base ontológica de la teoría. Se trata de 1170 a 28 - 1171 b 35. Leamos juntos el pasaje:
"El que ve, siente (aisthánetai) el ver; el que escucha, siente el escuchar, el que camina, siente el caminar, y así para todas las otras actividades hay algo que siente que estamos ejerciéndolas, de modo que si sentimos, nos sentimos sentir, y si pensamos, nos sentimos pensar, y esto es lo mismo que sentirse existir: existir significa en efecto sentir y pensar".
Sentir que vivimos es de por sí dulce, ya que la vida es por naturaleza un bien y es dulce sentir que un bien tal nos pertenece. Vivir es deseable, sobre todo para los buenos, ya que para ellos existir es un bien y una cosa dulce. Con-sintiendo, prueban la dulzura por el bien en sí, y lo que el hombre bueno prueba con respecto a sí, también lo prueba con respecto al amigo: el amigo es, en efecto, un otro sí mismo. Y como, para cada uno, el hecho mismo de existir es deseable, así -o casi- es para el amigo.
Llegados a este punto, el rango ontológico de la amistad en Aristóteles se puede dar por descontado. La amistad pertenece al protè philosophía, porque lo que en ella está en cuestión concierne a la misma experiencia, la misma "sensación" del ser. Se comprende entonces por qué "amigo" no puede ser un predicado real, que se suma a un concepto para inscribirlo en una cierta clase. En términos modernos, se podría decir que "amigo" es un existencial y no un categorial. Pero este existencial -como tal, no conceptualizable- está atravesado sin embargo por una intensidad que lo carga de algo así como una potencia política. Esta intensidad es el syn, el "con" que reparte, disemina y vuelve compartible la misma sensación, la misma dulzura de existir.


Tu corazón entendió al mío. Juntos hacemos la historia

(Dedicado a todos mis amigos)

sábado, julio 01, 2006


Poesía : La riqueza de la lengua en Latinoamérica

La poesía de Latinoamérica representa uno de los momentos más altos de la literatura contemporánea. El comienzo de su tradición nace con el nicaragüense Rubén Darío (1876-1916), a quien se le considera como “el padre de la patria poética hispanoamericana”. Junto a él, encontramos, por ejemplo, a los cubanos José Martí (1853-1895) y Julián del Casal (1863-1893); al argentino Leopoldo Lugones; el uruguayo Julio Herrera; los mexicanos Salvador Díaz Mirón y Manuel Gutiérrez; el colombiano José Asunción Silva, entre otros. A estos poetas fundadores de la tradición latinoamericana se les conoce con el nombre de “modernistas”.

Pero luego, estos mismos autores darán paso a la corriente conocida como movimiento vanguardista, cuyo gran iniciador es el chileno Vicente Huidobro (1893-1948). Huidobro es considerado como el primer poeta de la modernidad latinoamericana. El desarrolla la herencia de Darío y de los modernistas, y le da a la lengua una velocidad y transparencia que no se conocía hasta entonces, con páginas de una inventiva y diafanidad insuperables.

Moderno también, y conciente de los males propios de su siglo, es el peruano César Vallejo (1892-1938), en cuya poesía se encuentra lo verdaderamente humano: el amor, la ternura, la pesadumbre, la desesperación y la esperanza; mientras que en Argentina, por su parte, nos topamos con el obsesivo y nostálgico Borges (1899-1986) y a la vez que con el ágil y grandioso Oliverio Girondo (1891-1967). La perfección formal de Borges hace a veces olvidar la vivacidad del humanismo que lo anima (laberintos, ficciones, espejos), en donde confluyen deslumbrantemente inteligencia, sensibilidad, fervor, ironía y saber; mientras que con la irreverencia de Girondo, la extravagancia y el humor negro toman cartas en nuestra literatura.


Pues bien, luego dando un pequeño salto, llegamos al esplendor telúrico que alcanza la poesía latinoamericana con la brillantez de Pablo Neruda (1904-1973). Neruda nutre a la poesía con la historia de su gente y de un tiempo apasionado, a la vez que por la energía y confraternidad humanas en versos dedicados al amor, la justicia y las cosas cotidianas.

No podemos dejar de ver al guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, poeta lleno de vitalidad y consagración a la Revolución Absoluta, cuya obra es una exploración de la vida, la pintura, la música, la embriaguez y los sueños, por lo cual se sitúa en la primera fila del vanguardismo; mientras que el costarricense Isaac Felipe Azofeifa recreará en sus líneas los estados de ánimo, atmósferas, situaciones y espacios abiertos a la nostalgia.

Otro lugar relevante en la poesía latinoamericana lo ocupa el Venezolano Vicente Gerbasi, quien es atraído por la filosofía, la contemplación y la liberación de la belleza, mientras que los versos del compromiso social estarán a cargo del dominicano Pedro Mir (1913).

El mexicano Octavio Paz (1914), por su parte, es el poeta encargado de la vivacidad, del surrealismo cosmopolitano y cargado de actualidad.

Pero en contraposición a toda la poesía elaborada hasta ese entonces sale a la luz el chileno Nicanor Parra (1914); poeta de lo inmediato, lo espontáneo y cotidianamente irrelevante. Lúdico y sarcástico, Parra, definido como “el antipoeta” ha procurado siempre (a través de una poesía coloquial y directamente marcada de tinte popular) la crítica y el compromiso social.

Luego, hacia la mitad del siglo, Mario Benedetti (1920) da pie a su obra poética y de alto contenido hacia la lucha política. Benedetti redactada en tono inmediatista y directo, con lo cual constituye un vehículo hacia la cotidianeidad de los afanes humanos:

"...Mi aire se acaba como agua en el desierto,mi vida se acorta pues no te llevo dentro. Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí..."


Así, y para dar término a esta breve perspectiva vemos que hasta hoy, el nicaragüense Ernesto Cardenal (1925) resalta la presencia de lo real en sus versos. Siempre preocupado por la dimensión social, Cardenal se ha propuesto narrar una poesía cargada de tiempo y de vida, es decir, de la historia material de Latinoamérica.