sábado, julio 01, 2006


Poesía : La riqueza de la lengua en Latinoamérica

La poesía de Latinoamérica representa uno de los momentos más altos de la literatura contemporánea. El comienzo de su tradición nace con el nicaragüense Rubén Darío (1876-1916), a quien se le considera como “el padre de la patria poética hispanoamericana”. Junto a él, encontramos, por ejemplo, a los cubanos José Martí (1853-1895) y Julián del Casal (1863-1893); al argentino Leopoldo Lugones; el uruguayo Julio Herrera; los mexicanos Salvador Díaz Mirón y Manuel Gutiérrez; el colombiano José Asunción Silva, entre otros. A estos poetas fundadores de la tradición latinoamericana se les conoce con el nombre de “modernistas”.

Pero luego, estos mismos autores darán paso a la corriente conocida como movimiento vanguardista, cuyo gran iniciador es el chileno Vicente Huidobro (1893-1948). Huidobro es considerado como el primer poeta de la modernidad latinoamericana. El desarrolla la herencia de Darío y de los modernistas, y le da a la lengua una velocidad y transparencia que no se conocía hasta entonces, con páginas de una inventiva y diafanidad insuperables.

Moderno también, y conciente de los males propios de su siglo, es el peruano César Vallejo (1892-1938), en cuya poesía se encuentra lo verdaderamente humano: el amor, la ternura, la pesadumbre, la desesperación y la esperanza; mientras que en Argentina, por su parte, nos topamos con el obsesivo y nostálgico Borges (1899-1986) y a la vez que con el ágil y grandioso Oliverio Girondo (1891-1967). La perfección formal de Borges hace a veces olvidar la vivacidad del humanismo que lo anima (laberintos, ficciones, espejos), en donde confluyen deslumbrantemente inteligencia, sensibilidad, fervor, ironía y saber; mientras que con la irreverencia de Girondo, la extravagancia y el humor negro toman cartas en nuestra literatura.


Pues bien, luego dando un pequeño salto, llegamos al esplendor telúrico que alcanza la poesía latinoamericana con la brillantez de Pablo Neruda (1904-1973). Neruda nutre a la poesía con la historia de su gente y de un tiempo apasionado, a la vez que por la energía y confraternidad humanas en versos dedicados al amor, la justicia y las cosas cotidianas.

No podemos dejar de ver al guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, poeta lleno de vitalidad y consagración a la Revolución Absoluta, cuya obra es una exploración de la vida, la pintura, la música, la embriaguez y los sueños, por lo cual se sitúa en la primera fila del vanguardismo; mientras que el costarricense Isaac Felipe Azofeifa recreará en sus líneas los estados de ánimo, atmósferas, situaciones y espacios abiertos a la nostalgia.

Otro lugar relevante en la poesía latinoamericana lo ocupa el Venezolano Vicente Gerbasi, quien es atraído por la filosofía, la contemplación y la liberación de la belleza, mientras que los versos del compromiso social estarán a cargo del dominicano Pedro Mir (1913).

El mexicano Octavio Paz (1914), por su parte, es el poeta encargado de la vivacidad, del surrealismo cosmopolitano y cargado de actualidad.

Pero en contraposición a toda la poesía elaborada hasta ese entonces sale a la luz el chileno Nicanor Parra (1914); poeta de lo inmediato, lo espontáneo y cotidianamente irrelevante. Lúdico y sarcástico, Parra, definido como “el antipoeta” ha procurado siempre (a través de una poesía coloquial y directamente marcada de tinte popular) la crítica y el compromiso social.

Luego, hacia la mitad del siglo, Mario Benedetti (1920) da pie a su obra poética y de alto contenido hacia la lucha política. Benedetti redactada en tono inmediatista y directo, con lo cual constituye un vehículo hacia la cotidianeidad de los afanes humanos:

"...Mi aire se acaba como agua en el desierto,mi vida se acorta pues no te llevo dentro. Mi esperanza de vivir eres tú, y no estoy allí..."


Así, y para dar término a esta breve perspectiva vemos que hasta hoy, el nicaragüense Ernesto Cardenal (1925) resalta la presencia de lo real en sus versos. Siempre preocupado por la dimensión social, Cardenal se ha propuesto narrar una poesía cargada de tiempo y de vida, es decir, de la historia material de Latinoamérica.

2 Comments:

Blogger Alauda said...

Oye sabes? Me encanta como escribes, siempre tan clara para describir las cosas. Deberías ser ensayista y publicar en el diario como tu papà.
Hoy tengo un concierto en una Iglesia, y uno de las cosas interesantes que vamos a tocar es la musicalización de varios poemas de Martí, Octavio Paz, Benedetti y Neruda. La soprano que va a cantar es una niña de México que también está becada acá.
Yo me imagino cómo sería de lindo que los hubieses cantado tú, teniendo esa voz maravillosa. Cuando vuelva por tus tierras (porque ya casi mías no son) te llevaré las partituras para ensayarlas.
Te extraño hartito. Besitos mi pequeña.

6:25 a. m.  
Blogger UnMarDeEstrellas said...

Hola Dani... sorprendente, no???
Espero tener tiempo para dedicarle a este asuntillo...
Está muy lindo tu blog, me gusta lo que escribes, ojalá sigas así!!!
Cuando pueda voy a habilitar el mío... por el momento te dejo algo que te va a gustar...

ANNABEL LEE /Edgar Allan Poe

Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que os evoco
por el nombre de Annabel Lee;
y era su único sueño verse siempre
por mí adorada y adorarme a mí.

Niños éramos ambos, en el reino
junto al mar; nos quisimos allí
con amor que era amor de los amores,
yo con mi Annabel Lee;
con amor que los ángeles del cielo
envidiaban a ella cuanto a mí.

Y por eso, hace mucho, en aquel reino,
en el reino ante el mar, ¡triste de mí!,
desde una nube sopló un viento, helando
para siempre a mi hermosa Annabel Lee
Y parientes ilustres la llevaron
lejos, lejos de mí;
en el reino ante el mar se la llevaron
hasta una tumba a sepultarla allí.

¡Oh sí! -no tan felices los arcángeles-,
llegaron a envidiarnos, a ella, a mí.
Y no más que por eso -todos, todos
en el reino, ante el mar, sábenlo así,
sopló viento nocturno, de una nube,
robándome por siempre a Annabel Lee.

Mas, vence nuestro amor; vence al de muchos,
más grandes que ella fue, que nunca fui;
y ni próceres ángeles del cielo
ni demonios que el mar prospere en sí,
separarán jamás mi alma del alma
de la radiante Annabel Lee.

Pues la luna ascendente, dulcemente,
tráeme sueños de Annabel Lee;
como estrellas tranquilas las pupilas
me sonríen de Annabel Lee;
y reposo, en la noche embellecida,
con mi siempre querida, con mi vida;
con mi esposa radiante Annabel Lee
en la tumba, ante el mar, Annabel Lee.

11:35 a. m.  

Publicar un comentario

<< Home