sábado, junio 24, 2006


¿Cómo Educar?

El tiempo que pasé como estudiante universitaria me alimentó de conocimientos que sólo hasta hace poco tiempo pude llevar a la praxis cotidiana. Ahora que soy una profesora que convive con la realidad y las vivencias de muchos, puedo hablar con cierta autoridad respecto a la delicada tarea de educar a diario.

Recuerdo que cuando cursaba tercer año de Pedagogía, me correspondió leer y analizar el testamento pedagógico de Alberto Hurtado (no el Santo, ni el abogado, sino el Educador). La experiencia de leer e interpretar aquel corpus textus lleno de sentimiento me ha llevado a escribir esta simple reflexión en torno a la difícil tarea de enseñar y lidiar a diario con el conocimiento acompañado de la fe y la razón.

Si pretendemos cambiar del paradigma del tener al paradigma del SER, el quehacer educativo se hace esencial. Si AMAR es una de las facultades espirituales de nivel superior, que nos hace diferente a las demás especies vivas, y es la misión de la Educación, cabe preguntar ¿nuestras prácticas pedagógicas están centradas en el amar?; facilitan la expresión y aceptación de sentimientos, de nuestro auténtico yo.

Ahora bien, ¿de qué manera los educadores podemos aportar a la unificación de esta sociedad? No hay arma más hermosa que el amor. La Mistral alguna vez lo dijo: Educar es Amar. Y educar también es la manera más alta de dialogar con Dios, aunque también la más temible, en el sentido de la tremenda responsabilidad que involucra.

Nuestra interacción pedagógica debe ser una práctica de amor para con nuestros alumnos, sus familias y el entorno en que está nuestra sociedad del saber. Debemos y tenemos que educar en, con y para el amor. A pesar de nuestras limitaciones, en la acción reflexiva de nuestra práctica, debemos descubrir y asumir nuestra vocación natural: AMAR.

Los estudiantes son hermosos por su condición de personas, es una gran aventura amar a cada uno respetando su singularidad, su historicidad, su dialogicidad, sus mapas éticos, sociales, políticos, cognitivos, afectivos, valóricos, en resumen, él y sus circunstancias. Un niño representa la nobleza, la generosidad, la justicia, la autenticidad, la lealtad. En relación de ayuda con ellos podemos descubrir estas vocaciones. Aprender de sus aprendizajes.

¿Cómo puedo yo fundar constantemente mis orientaciones pedagógicas en el amor?, ¿ De dónde saco tanta esperanza, si veo a diario un mundo que se mata?, ¿Cómo alimento a diario ese amor que debo integrar?.

Y aún así, reflejando el temor al llegar a aulas en condición de ser “La nueva profesora” ¿merecerán mi amor aquellos revoltosos mocosos que me mirarán de pie a cabeza el primer día?.

El Profesor del Amor es optimista, intenta comprender la naturaleza humana en toda interrelación. La alegría proviene desde el interior del hombre, de su vocación de amar, no viene desde el exterior. El docente que reflexiona su práctica su profesión, nunca está triste. Los niños, los jóvenes dan sonrisas y necesitan sonrisas; enriquece al que la recibe sin empobrecer al que la da, se realiza en un instante y su memoria perdura para siempre. Cada día el Maestro debe hacer una retrospección: ¿he procurado servir, ser amable, alegrar a mis alumnos?. Lo que pensamos de la vida es lo que nos hace felices o infelices, no
es lo que tenemos o tememos.

Como expectativa se plantea una persona con conciencia crítica reflexiva en lo social, con un proyecto de vida que ayude al alumno a tener claridad de su misión de vida, que desarrolle su capacidad de amar, que oriente su vida intelectual - afectiva - ética - política - social. Este proyecto es el hilo conductor, es la declaración de principios valóricos, éticos y morales del alumno - hijo. Este es un proyecto de amor único y precisa la forma de vivir. El proyecto de vida encierra los mapas políticos, intelectuales, afectivos, culturales de las personas; le da sentido fundamental y coherencia a su vida. La gran tarea es ser feliz. El proyecto de vida implica una historia personal, un ideario, una filosofía, ideología práctica, estrategia afectiva, observar y actuar con el contexto próximo, contexto familiar - cultural, dimensión axiológica, dimensión afectiva, dimensión intelectual, una visión de mundo, metas, acciones.


Educadores: "Ustedes son la sal de la tierra". (Mateo5:13).

"Ustedes son la luz para el mundo". (Mateo 5:14).

1 Comments:

Blogger Alauda said...

Bueno bueno... Ya sabes que aunque no soy profe, me ha tocado impatir clases de violín reiteradas veces a niños y jóvenes.
Creo que tienes muchas razón en todo lo que escribes. No sé si tengo mucho sentido que agrege algo más a lo que con tanta delicadeza has transmitido. Sé lo hermoso que es entregas saberes a quien tambien espera que lo hagamos con cariño y dedicación.
Mi amiga bella, sólo espero que estas ganas de entregar nunca se te agoten. Tus ojos alegres ilumninan cualquier sala de clases, y siempre lo harán. Besos.

3:50 p. m.  

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