
Naturaleza y Arte
La palabra arte, desde sus principios hasta hoy, puede ser empleada en varios sentidos; así, se habla del arte de vivir, del arte de escribir, del arte de pensar, etc. Pero en todos estos modos observamos que el arte conlleva una cierta virtud o habilidad para hacer o producir algo, implicando en ese algo la idea de un método o conjunto de reglas propias al razonamiento humano y la sensibilidad por la belleza. Es por ello que Aristóteles escribe en su Metafísica, que al contrario de los animales, los hombres se elevan hasta el arte y hasta el razonamiento.
Vemos así, que ya desde la Grecia clásica, el conjunto de las bellas artes, ya sea poesía, arquitectura, música u otras, eran planteadas y puestas en debate frente a sus relaciones con la naturaleza. Era común considerar a la naturaleza como “lo real”, en tanto que el arte era siempre algo artificial y artificioso, haciendo que el hombre adoptara diferentes posturas respecto a lo bello en el arte o lo bello en la naturaleza.
Cabe ante esto entonces, hacerse las siguientes preguntas: ¿cómo se comporta el hombre frente a lo bello?, ¿cuál es esa significatividad de lo bello que es capaz de despertar interés en el hombre?, ¿qué impacto posee la naturaleza frente a la obra de arte?.
Pues bien, frente a dichas preguntas, y considerando que la problemática frente a lo bello es diferente según se plantee lo bello en el arte o en la naturaleza es que se torna necesario profundizar un poco más en este asunto.
Está claro que a la hora de emitir un juicio de si algo es bello o no, muchas veces nos dejamos guiar por nuestra subjetividad. Lo bello no se puede argumentar ni demostrar empíricamente, la belleza es algo absolutamente subjetivo, ya que el gusto es algo propio y personal para cada individuo.
Desde la teoría del ideal de la belleza planteada por Kant, el arte tendría una primacía por sobre la naturaleza, ya que el ideal de la belleza sólo puede existir dentro de la figura humana con respecto a la expresión de lo moral, dado que para que algo guste como obra de arte tiene que ser algo más que grato y de buen gusto, ya que la esencia de todo arte es poner al hombre ante sí mismo. Una de las principales tareas del arte es el encuentro del hombre consigo mismo en la naturaleza y en el mundo humano e histórico.
Por otro lado, recordemos que para los filósofos moralistas ingleses existen juicios que no obedecen a la razón, sino al sentimiento, es decir, juicios que a la hora de ser emitidos por el hombre no forman parte de una racionalidad en toda la expresión de la palabra, sino que más bien ponen en juego lo que comúnmente conocemos como “sentido común”, y muchos de estos juicios que precisamente el hombre declara por sentido común son los juicios morales o estéticos; este sentido se hace presente habitualmente en los juicios sobre la bondad o la maldad, lo justo o injusto, lo bello o lo que no lo es tanto, etc.
Esta diferencia que se da entre razón y sentimiento se torna clave a la hora de distinguir lo bello entre el arte o la naturaleza. Oetinger así lo expresa; para él, Dios juega un papel fundamental en torno a dicha reflexión:
Vemos así, que ya desde la Grecia clásica, el conjunto de las bellas artes, ya sea poesía, arquitectura, música u otras, eran planteadas y puestas en debate frente a sus relaciones con la naturaleza. Era común considerar a la naturaleza como “lo real”, en tanto que el arte era siempre algo artificial y artificioso, haciendo que el hombre adoptara diferentes posturas respecto a lo bello en el arte o lo bello en la naturaleza.
Cabe ante esto entonces, hacerse las siguientes preguntas: ¿cómo se comporta el hombre frente a lo bello?, ¿cuál es esa significatividad de lo bello que es capaz de despertar interés en el hombre?, ¿qué impacto posee la naturaleza frente a la obra de arte?.
Pues bien, frente a dichas preguntas, y considerando que la problemática frente a lo bello es diferente según se plantee lo bello en el arte o en la naturaleza es que se torna necesario profundizar un poco más en este asunto.
Está claro que a la hora de emitir un juicio de si algo es bello o no, muchas veces nos dejamos guiar por nuestra subjetividad. Lo bello no se puede argumentar ni demostrar empíricamente, la belleza es algo absolutamente subjetivo, ya que el gusto es algo propio y personal para cada individuo.
Desde la teoría del ideal de la belleza planteada por Kant, el arte tendría una primacía por sobre la naturaleza, ya que el ideal de la belleza sólo puede existir dentro de la figura humana con respecto a la expresión de lo moral, dado que para que algo guste como obra de arte tiene que ser algo más que grato y de buen gusto, ya que la esencia de todo arte es poner al hombre ante sí mismo. Una de las principales tareas del arte es el encuentro del hombre consigo mismo en la naturaleza y en el mundo humano e histórico.
Por otro lado, recordemos que para los filósofos moralistas ingleses existen juicios que no obedecen a la razón, sino al sentimiento, es decir, juicios que a la hora de ser emitidos por el hombre no forman parte de una racionalidad en toda la expresión de la palabra, sino que más bien ponen en juego lo que comúnmente conocemos como “sentido común”, y muchos de estos juicios que precisamente el hombre declara por sentido común son los juicios morales o estéticos; este sentido se hace presente habitualmente en los juicios sobre la bondad o la maldad, lo justo o injusto, lo bello o lo que no lo es tanto, etc.
Esta diferencia que se da entre razón y sentimiento se torna clave a la hora de distinguir lo bello entre el arte o la naturaleza. Oetinger así lo expresa; para él, Dios juega un papel fundamental en torno a dicha reflexión:
“La razón se rige por reglas y muchas veces incluso sin Dios. El sentido, en cambio, siempre con Dios. Igual que la naturaleza se distingue del arte, así se distingue el sentido de la razón. A través de la naturaleza Dios obra con un progreso de crecimiento simultáneo que se extiende regularmente por todo; el arte en cambio empieza siempre por alguna parte determinada (...) El sentido imita a la naturaleza, la razón en cambio imita al arte “.
Así podemos observar, que lo bello en la naturaleza está dado por la mano de Dios, mientras que lo bello en el arte es obra de los hombres acompañada de la razón que le es propia a éste, y en la cual a veces llega a ser prescindible la accion divina.


2 Comments:
Gracias por hacer de esta vida cotidiana algo más interesante.
Hace unos días, con un colega de arte y un tercero medio, fuimos a hacer una clases en la estación mapocho, esto era el pretexto de ver la muestra "los tres grandes de españa: Goya, Miró y Picasso". Al estar ahí y viendo como los chicos trataban de hacer una guía de trabajo y más aún tratando de entender un lenguaje extraño, me dio la impresión de estar observando el balbuceo de un niño pequeño.
¿podrá ser que frente a lo bello, nosotros también balbuciemos?
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